En la carta a los Hebreos 6:10, se hace la siguiente declaración, “porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre…”. Lo que resulta interesante para mí es el contexto en que se encuentra. Está enmarcada en un capítulo que contiene una advertencia crucial. ¿Cuál es? Advierte que quien juega con fuego se quema. ¿De qué otra manera se puede describir la acción de haber conocido la gracia y el poder de Dios y luego abandonarlo? Es en medio de esa advertencia que hallamos las palabras del texto que afirman que Dios no es injusto para olvidarse de lo que hemos hecho.
Aquel que tiene a Jesucristo como su Señor, no sentirá temor al leer esto, pues sabe que Dios no es injusto, pero sabe también que Dios tomará cuenta de sus actos, sean cuales fueren. Aquí está lo curioso del Dios de la Biblia: de todo el mal que hace el hombre, Dios se olvida cuando éste se arrepiente y acepta a Jesucristo como su Salvador. Pero de todo el bien que haga, Dios no es injusto para olvidarlo. No sólo tenemos la satisfacción de haber hecho lo correcto sino también la aprobación directa de Dios, que nos recompensará por ello. Así lo promete en su Palabra. ¿Has experimentado esto en tu vida cristiana? Entonces deja correr tu musa….



