viernes, 17 de agosto de 2012

Los árboles mueren de pie


Iglesia de Dios Pentecostal  M.I. 
Corría el año 1976. Era el mes de febrero y habíamos sido convocados para la asamblea anual, que ese año se celebraría en el pintoresco pueblo de Fajardo. Era mi primera experiencia como delegado de mi iglesia en una asamblea, todo lo que veía lo encontraba impresionante.  Allí entre en contacto por primera vez en mi vida con el liderato de la iglesia, de quienes había oído hablar pero nunca había visto.  Sentado en la primera fila, el insigne Pedro Juan Alvarado, arriba en la plataforma sobresalía una figura imponente, 
Eleuterio Feliciano; a su lado, una persona que escuchaba todos los domingos antes de ir a la escuela bíblica, Jesús Pérez Torres, al otro extremo, una persona de rostro afable, Andrés Ríos,  a su lado, una persona de rostro serio, pero que luego descubrí que era muy amigable, Ruperto Echevarría.   Desde ese año, he estado en todas las asambleas realizadas hasta esta fecha 2012.

El mensaje presidencial de esa ocasión estaba basado en el libro de los Hechos, 12:22 y lo tituló: "Voz de Dios y no de hombre".  No hubiese querido que terminara, quería seguir oyendo a aquel pastor que proclamaba aquella palabra con gran autoridad  pero con respeto y sencillez.  Han pasado 36 años y me parece todavía escucharlo y verlo en aquella plataforma hablándole a la iglesia y a la pastoral de Puerto Rico y del mundo, pues en ese tiempo no existía el movimiento internacional, y todos se reportaban a la asamblea de P.R.

Esa asamblea fue una de trascendencia histórica, en ella Telíin presentaba como parte de su informe, legislación para crear dos proyectos de gran impacto social.  La Agencia de Servicio Social Pentecostal, ASSPEN, y el Plan de Pensiones Ministerial. Tuve la oportunidad de votar a favor de ambos proyectos. El tiempo le dio la razón y demostró la gran utilidad  de estos programas en beneficio de la Iglesia.

Se hizo costumbre que en cada informe aparecieran proyectos de gran visión, al punto que era común escuchar entre los pastores de más antigüedad, la expresión, con que embeleco vendrá Tellín esta vez.
Son muchas las cosas que se pueden mencionar que fueron iniciativa de un hombre que se adelantó a la historia y que veía cosas que los demás no percibían.  Una vez sale de sus dos presidencias, la de P. R. y de la Internacional, otro de sus "embelecos exitosos",  se mantuvo como la conciencia de la asamblea, pues cada vez que entrábamos en discusiones legislativas que podían de alguna forma afectar la estabilidad de la Iglesia, el salía con algún argumento, comentario e incluso alguna pregunta, que nos hacia caer en cuenta o ver a larga distancia las consecuencias de esa decisión.

A veces necesitamos años para entender algunas cosas.  Ahora entiendo a la generación  que creció bajo la sombra del Hno. Alvarado, cuando lamentaban su fallecimiento a mediados de la década del 70.   Mi conocimiento de Alvarado se lo debo al testimonio de los hermanos de Caguas, cuando estuve con ellos en mi práctica pastoral y a los relatos de mis suegros que le conocieron de muy cerca.  Me enseñaron a admirarlo y a tenerlo en gran estima.

Pero a Tellín lo conocí de cerca, crecí bajo su sombra, lo respeté, lo estimé, lo admiré y le amé como a un padre. El me vió crecer desde que era solo un estudiante en el Mizpa, hasta convertirme en lo que soy ahora. Tuve el privilegio de estar sentado junto a él en lo que fue su última sesión del Consejo General, y la que fue la primera para mé.  Con gran respeto y deferencia discutimos asuntos de gran importancia para esta Iglesia y qué hábil era para ir de un asunto álgido a un asunto simpático que aliviaba la tensión del momento. La expresión con que siempre me saludaba, la seguiré escuchando en mi memoria... "Joven.... Cómo le va ?

Hay una expresión de David registrada en el segundo libro de Samuel, cuando recibe la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán,  “Como han caído los valientes... Han perecido las armas de guerra".  Tellín fue un valiente de la fe. Fue un arma de guerra que Dios utilizó para llevar a esta Iglesia a niveles nunca soñados.  Fue la conciencia de una denominación religiosa, que marcó la historia de este país.

En el terreno de esta iglesia, queda un roble, que ya no da sombra ni flores, pero sus raíces y tronco quedan como testimonio de lo que Dios puede hacer cuando le somos fiel y nos entregamos a su servicio.  Hoy lloro la muerte de uno de los líderes religiosos más extraordinario que ha dado este país, pero celebro también la vida de alguien que aportó mucho en mi formación como pastor y líder.

Hno. Tellín... Descansa.... Te mereces ese descanso, en el regazo del Señor.