| Edwin Thomas Booth |
Esta es la historia de dos hermanos que existieron en el
siglo diecinueve. Ambos eran actores. Uno de ellos brillante, muy aplaudido en
los escenarios de su época. La actuación que más aplausos le brindó fue
su magistral interpretación de Hamlet. Me refiero a Edwin Thomas.
Por otro lado, su hermano, que era buen actor, pero no tan brillante
como Edwin, se llamó John.
Ambos
hermanos se unieron en el año 1863 para representar la obra Julio Cesar, donde
John interpretó el papel de Bruto, que es quien asesinó, según la historia, a
Julio Cesar.
Corría el año 1865, era el mes de abril, y John se subió al palco del teatro Ford, en Washington, y disparó directamente a la cabeza del que se hallaba sentado en ese palco. Se trataba del presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln.
Corría el año 1865, era el mes de abril, y John se subió al palco del teatro Ford, en Washington, y disparó directamente a la cabeza del que se hallaba sentado en ese palco. Se trataba del presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln.
| John Wilkes Booth |
Después
de aquella noche, su hermano Edwin, no volvió a ser el mismo. Avergonzado
por la acción de John, se retiro de las tablas y se mantuvo autoexiliado.
Así hubiese permanecido toda su existencia, pero un golpe, de esos
que da la vida lo devolvió a la palestra pública.
Se encontraba en una estación ferroviaria en New Jersey, como cualquier otro individuo que esperaba la llegada del tren, cuando de repente, un joven de porte elegante, es empujado por la multitud y pierde el equilibrio cayendo entre la plataforma de la estación y un tren en movimiento. Sin pensarlo dos veces, Edwin puso un pie en el riel, agarró al joven y lo haló para ponerlo a salvo en el justo momento en que el tren pasaba.
Después de pasar el susto, el joven reconoció quién fue su salvador. Nada más y nada menos que el famoso actor, Edwin Thomas Booth. Sin embargo, Edwin, no reconoció al joven que acababa de rescatar de las fauces de la muerte. Lo supo días después por medio de una misiva enviada desde la Casa Blanca. En la misma, el presidente Ulises Grant le agradecía el haber salvado la vida del hijo de un gran héroe nacional. Edwin había salvado la vida de Robert Todd, hijo del finado presidente, Abraham Lincoln.
Edwin y John tuvieron muchas cosas en común. Nacieron en el mismo hogar. Tuvieron una crianza similar. Escogieron la misma profesión. Ambos sentían pasión por el arte y ejercieron bien su oficio. Sin embargo, uno decidió por la vida y el otro por la muerte.
En esa encrucijada en que la vida a veces nos coloca... ¿Cómo decidiremos nosotros? ¿Optaremos por ayudar o tomaremos la decisión de destruir?
Esa es la pregunta... Y solo tú tienes la respuesta.
Se encontraba en una estación ferroviaria en New Jersey, como cualquier otro individuo que esperaba la llegada del tren, cuando de repente, un joven de porte elegante, es empujado por la multitud y pierde el equilibrio cayendo entre la plataforma de la estación y un tren en movimiento. Sin pensarlo dos veces, Edwin puso un pie en el riel, agarró al joven y lo haló para ponerlo a salvo en el justo momento en que el tren pasaba.
Después de pasar el susto, el joven reconoció quién fue su salvador. Nada más y nada menos que el famoso actor, Edwin Thomas Booth. Sin embargo, Edwin, no reconoció al joven que acababa de rescatar de las fauces de la muerte. Lo supo días después por medio de una misiva enviada desde la Casa Blanca. En la misma, el presidente Ulises Grant le agradecía el haber salvado la vida del hijo de un gran héroe nacional. Edwin había salvado la vida de Robert Todd, hijo del finado presidente, Abraham Lincoln.
Edwin y John tuvieron muchas cosas en común. Nacieron en el mismo hogar. Tuvieron una crianza similar. Escogieron la misma profesión. Ambos sentían pasión por el arte y ejercieron bien su oficio. Sin embargo, uno decidió por la vida y el otro por la muerte.
En esa encrucijada en que la vida a veces nos coloca... ¿Cómo decidiremos nosotros? ¿Optaremos por ayudar o tomaremos la decisión de destruir?
Esa es la pregunta... Y solo tú tienes la respuesta.
Deuteronomio
30:19 Al cielo y a la tierra pongo hoy como
testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la
bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia.



