martes, 11 de diciembre de 2012

DECISIONES


                                                   

Edwin Thomas Booth
     Esta es la historia de dos hermanos que existieron en el siglo diecinueve. Ambos eran actores. Uno de ellos brillante, muy aplaudido en los escenarios de su época.  La actuación que más aplausos le brindó fue su magistral interpretación de  Hamlet.   Me refiero a Edwin Thomas.   Por otro lado, su hermano, que era buen actor, pero no tan brillante como Edwin, se llamó John.

Ambos hermanos se unieron en el año 1863 para representar la obra Julio Cesar, donde John interpretó el papel de Bruto, que es quien asesinó, según la historia, a Julio Cesar.

Corría el año 1865, era el mes de abril, y John se subió al palco del teatro Ford, en Washington, y disparó directamente a la cabeza del que se hallaba sentado en ese palco. Se trataba del presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln.

John Wilkes Booth 


Después de aquella noche, su hermano Edwin, no volvió a ser el mismo.  Avergonzado por la acción de John, se retiro de las tablas y se mantuvo autoexiliado.  Así hubiese permanecido toda su existencia,  pero un golpe, de esos que da la vida lo devolvió a la palestra pública.

Se encontraba en una estación ferroviaria en New Jersey, como cualquier otro individuo que esperaba la llegada del tren, cuando de repente, un joven de porte elegante, es empujado por la multitud y pierde el equilibrio cayendo entre la plataforma de la estación y un tren en movimiento.  Sin pensarlo dos veces, Edwin puso un pie en el riel, agarró al joven y lo haló para ponerlo a salvo en el justo momento en que el tren pasaba.

Después de pasar el susto, el joven reconoció quién fue su salvador. Nada más y nada menos que el famoso actor, Edwin Thomas Booth.  Sin embargo, Edwin, no reconoció al joven que acababa de rescatar de las fauces de la muerte.  Lo supo días después  por medio de una misiva  enviada desde la Casa Blanca.  En la misma, el presidente Ulises Grant  le agradecía el haber salvado la vida del hijo de un gran héroe nacional. Edwin había salvado la vida de Robert Todd, hijo del finado presidente,  Abraham Lincoln.

Edwin y John tuvieron muchas cosas en común. Nacieron en el mismo hogar. Tuvieron una crianza similar. Escogieron la misma profesión. Ambos sentían pasión por el arte y ejercieron bien su oficio. Sin embargo, uno decidió por la vida y el otro por la muerte.

En esa encrucijada en que la vida a veces nos coloca... ¿Cómo decidiremos nosotros?   ¿Optaremos por ayudar o tomaremos la decisión de destruir?
Esa es la pregunta... Y solo tú tienes la respuesta.


Deuteronomio 30:19 Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia.



2 comentarios:

  1. Ea, que fuerte esta reflexión! Escojo la vida :D Te amo mucho pastor!!!

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    1. Gracias por leerlo. Esa es la idea, que pueda reflexionar en todas las oportunidades que la vida me ofrece para servir, crear y mejorar. Sin embargo una pequeña locura, echa a perder lo bueno que hay en nosotros. El proverbista dice: las moscas muertas hacen heder el perfume del perfumista, asi tambien una locura hace perder al ungido de Dios. Dios te bendiga, sabes que tambien te amo y los extraño.

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