miércoles, 25 de diciembre de 2013

LA SIEGA ESTA LISTA


 Juan 4:35-38
El pasaje se encuentra en el contexto del encuentro de Jesús con la samaritana.  
Todo lo que estaba sucediendo a raíz de esto le sugiere a Jesús, la visión de un mundo, que había que cosechar para Dios.

Cuando Jesús dice: “aún faltan cuatro meses para que llegue la siega".  No debemos pensar que se refería a la época del año en que se recogían las cosechas en Samaria.  Solo algunos datos para que entendamos.  Si hubiera sido como lo infiere la gente, entonces el encuentro de Jesús con la samaritana hubiera ocurrido en el mes de enero, por lo que:
    1. No habría hecho el calor agotador.
    2. El agua no hubiera sido escasa, no había necesidad de buscar un pozo.
    3. Hubiera sido la temporada de lluvia en la zona.
Por tanto tenemos que concluir que Jesús  está usando un dicho o refrán popular de su tiempo para despertar en sus discípulos una idea.

Lo que Jesús le está diciendo a los  discípulos es: ustedes tienen un refrán  que dice "si plantas la semilla debes esperar por lo menos cuatro meses  para empezar a cosechar"    Y luego levanta la mirada y la dirige hacia Sicar y les dice a los discípulos, los campos están listos para la siega.

O sea en Samaria hay una cosecha que esta lista para segar ahora.

Es el contraste entre la naturaleza y la gracia.    En la naturaleza tengo que esperar con paciencia hasta que el fruto este maduro,  pero en la gracia  siembro la semilla y al momento está lista para recoger el fruto.

En Samaria, las cosas habían sucedido con tan divina celeridad, que la semilla que Jesús sembró en aquella mujer sedienta de Dios, estaba empezando a florecer y a fructificar instantáneamente. 

( como el popcorn que se pone al calor y empiezan a reventar los rosetas de maíz)

Hay un escritor que dice o sugiere, que cuando la mujer fue a la ciudad y hablo de lo que le sucedió con el profeta, la multitud salió de la ciudad y se encaminó hacia el lugar donde la mujer dijo que se encontraba el profeta, el describe que el lugar es como una cuesta, y como era costumbre de la época vestir con túnicas blancas, al ver la ladera cubierta de personas vestidos de blanco, Jesús utilizo el símil, y dijo vean los campos están blancos, listos para ser segados.

Hay otro pasaje del evangelio, que quiero citar brevemente, porque guarda cierto paralelo con este, es el de Mateo 9:37-38, donde Jesús hace un ejercicio similar con los discípulos, les señala a la multitud hambrienta de Dios, y les dice : " la mies es mucha más los obreros pocos, rogad al señor de la mies, que envíe obreros a la mies"
 El sueño de Jesús es que todos seamos, misioneros y segadores, que miremos a nuestro alrededor, y veamos con compasión a la gente que nos rodea, y sembremos en ellos la semilla del amor de Dios. Para sembrar una semilla no hay que ir al Colegio de Agricultura para licenciarnos de agrónomos y luego sembrar, solo se necesita unos granos, una palita y un poco de tierra.

La semilla la tenemos, la herramientas también, y el terreno nos rodea en forma vasta.

Escuché en la radio en días pasados, el testimonio de un pastor que hacía mención de una señora de su congregación, ciega, pero deseosa de compartir a Cristo con las personas, sacaba una hora al día, y con el teléfono, marcaba cualquier número, y si le contestaban, empezaba a evangelizar al que respondía.  Cuando se tiene pasión y compasión no hay excusas para realizar la misión.





En la parábola del que contrata obreros para la viña, narrada en Mateo20,
Jesús coloca el énfasis en el deseo del dueño de la finca en contratar obreros, no importando la hora de contratación, la razón para ese obrar ilógico tal vez para algunos,  es su deseo de que no se perdiera la cosecha.

Por último, Juan cierra este pasaje, con otro refrán en los labios de Jesús, "uno siembra y otro siega".  Y pasó a hacer dos aplicaciones del mismo.

Por un lado los discípulos levantarían la cosecha que no se había producido por su trabajo.  Quiso decir que El había sembrado la semilla de la gracia y del amor de Dios, al encarnarse, y morir en la cruz para efectuar la obra de la redención.   Y que ellos habrían de recoger el fruto de esa obra de redención.

Y por otro lado, les decía, que llegaría el día en que ellos sembraran la palabra del amor de Dios  en el corazón de los hombres, pero serian otros lo que realizarían la siega.    Es interesante lo que las estadísticas de evangelismo revelan, estas nos dicen que cuando una persona hace profesión de fe en alguna campaña o culto o trabajo personal, previamente había tenido no menos de tres  contactos con personas que le hablaron del Señor.
No se desanime, porque no vea una respuesta rápida a su tarea de evangelización, su semilla germinará en algún jardín de los que Dios tiene en su comunidad o en el mundo.

Colusión:
El pasaje nos presenta dos grandes verdades.

1.  El recuerdo de una oportunidad. La cosecha espera que la sieguen para Dios. Hay momentos en la historia, que las gentes  están curiosas y extrañamente sensibles a Dios.  Aprovechemos el momento y prestemos nuestras manos a Dios para que no se pierda la cosecha.

2. Está el recuerdo de un desafío.  Muchos estamos destinados a sembrar y no a cosechar. Más de un ministerio tiene éxito, no por méritos propios y poder, sino gracias a la visión de un hombre o una mujer que le prestaron a Dios sus brazos y sembraron, no buscando protagonismo, sino dando por gracia lo que por gracia recibieron.  Y otros vinieron y recolectaron el fruto de ese esfuerzo. 

Pablo entendió muy bien esto cuando dijo, quién es Pablo, quién es Apolo quién es Cefas, lo importante fue que Jesús fue predicado y la cosecha está en el granero.