¿Sabía usted que, en el proceso del éxodo, en el viaje de Israel hacia
Canaán, Dios los llevó a través de seis desiertos?
Digo, que Dios los llevó y no que ellos fueron, porque ellos eran
dirigidos por la nube de fuego, y la nube, que era El mismo Dios manifestado,
los guió por esos desiertos.
Por supuesto, nuestro propósito es descubrir el Camino del Señor para
nosotros; porque lo que le sucedió a Israel, aunque fue muy literal y natural,
fue solo un cuadro o sombra de nuestro caminar con el Señor cuando nosotros
buscamos apartarnos de la vieja vida de pecado y atadura, para entrar en un
caminar fructífero con el Señor.
En todo el camino por el que anduvieron, y en todas las experiencias que
tuvieron que soportar bajo la dirección del Señor, estaban representando un
patrón de conducta del que quedaría constancia en la Escritura, como ejemplo y
tipo del pueblo de Dios hoy.
No que nosotros hayamos de seguir su ejemplo, sino aprender de ello.
Está claro que ellos fallaron al Señor estrepitosamente en muchas, y de
variadas maneras, de forma que la primera generación del pueblo redimido, no
entró en la Tierra de la Promesa. Sin embargo, Dios estaba dando mediante la
conducta de ellos en el desierto, un cuadro para nosotros hoy día, para que
pudiéramos aprender de sus errores
Pablo dice en la carta a los Corintios. “Más estas cosas
sucedieron como ejemplos para nosotros, PARA QUE NO codiciemos cosas malas,
como ellos codiciaron” (1a Cor.10:6).
Y el apóstol sigue extendiéndose en este tema, al describir las muchas
calamidades que vinieron sobre el pueblo de Dios por causa de su idolatría, su
inmoralidad, su tentación a Dios, y su mucha murmuración.
Después nos dice que todas estas cosas les sucedieron como
advertencia y exhortación a nosotros, para que NO caigamos en las mismas cosas
trágicas que ellos. Así́, su viaje por el desierto no pretendió́ ser un patrón
que tú y yo hayamos de seguir, sino una advertencia al pueblo de Dios de los
peligros que acompañan la vida del desierto, y la provisión de Dios al hacernos
un pueblo vencedor. Hemos de aprender de sus experiencias y de esta forma,
evitar cometer los mismos errores que ellos cometieron.
Nosotros también estamos de viaje. Es bueno que podamos reconocer eso.
No hemos sido redimidos sólo para cruzar el Mar Rojo y cantar el cántico de
victoria de la liberación de la esclavitud del Faraón. Este es solo el primer
paso. Es el comienzo de un viaje, UN VIAJE ESPIRITUAL, a través de las tierras
baldías de nuestra vieja naturaleza carnal, y hacia la fertilidad de la vida de
Canaán en el Espíritu.
Así́, el desierto se convierte en un lugar de PREPARACIÓN y un lugar de
TRANSICIÓN, al renunciar a la vieja vida de la atadura carnal para entrar en el
reino de nuestra herencia espiritual.
El Señor nunca pretendió́ que alargásemos todos nuestros días de
cautiverio bajo la naturaleza salvaje e indómita de la vieja vida.
Pero en cada lugar de reposo que Dios ordenó en este viaje desde Egipto
hasta Canaán, hemos de aprender más y más de Él, y dejar que Él haga de nuestra
naturaleza de desierto, un jardín para sembrar y plantar la buena semilla de la
Palabra de Dios, con el fin de que Él mismo pueda ser glorificado en el fruto
del Espíritu que Él desea producir en nuestras vidas.
En el recorrido de los hijos de Israel había varias zonas de desierto
por las que tenían que pasar, en cada una de las cuales, Dios tenía en mente
algo muy específico, al buscar la preparación de sus corazones para la herencia
que había delante ellos. Dios tiene que tener un PUEBLO PREPARADO para ese
LUGAR PREPARADO.
Él no nos lanza sin pensar, en medio de circunstancias desagradables,
para hostigarnos y atormentarnos.
Lo hace para PREPARARNOS para la vida de victoria y de fertilidad en el
ámbito del Espíritu.
En realidad, lo que nos produce gran desolación y conflicto en el
corazón y en la mente, es nuestra reacción al trato de Dios con nosotros. Qué
gozo y seguridad produciría en nosotros si pudiéramos reconocer que, en cada
experiencia devastadora de la vida, Dios está simplemente preparando nuestros
corazones para grandes conquistas y frutos en los días que hay ante nosotros,
en la heredad de Canaán. Y si estamos preparados para reconocer verdaderamente
este principio que obra milagros en nuestras vidas, descubriremos lo que Dios
quiso decir cuando afirmó que “Voy pues a preparar lugar de reposo para
vosotros.”

