Amada iglesia, no fijes tus ojos en el hielo que parece cubrirlo todo,
fija tus ojos en la semilla escondida que está esperando el momento para
quebrar el hielo y volver a florecer... para iniciar una nueva era...
Es interesante como Dios programó a la naturaleza. Las estaciones
del año son una muestra extraordinaria de ese programa. La primavera
inicia llena de esperanza y vida, los campos se llenan de verdor, flores, las
aves inician la construcción de nidos, en fin todo lo que se respira es vida y
esperanza. Llega el verano y las flores se convierten en
frutos, los nidos se llenan de crías y es una explosión de energía, desarrollo
y progreso. Tal parece que nada puede detener lo que está sucediendo.
Llega el otoño, y todo comienza a prepararse para enfrentar los retos de
supervivencia de los próximos meses, es como si toda aquella vida empezara a
desaparecer, y así ocurre cuando llega el invierno... desaparece
todo el verdor, la fauna ha entrado en un periodo de hibernación o de emigración, para escapar
del azote de esa temporada fría. El frio ataca sin piedad, el hielo se
apodera de todo lo que existe. Da la impresión de que no sobrevivió nada.
Pero el ciclo acaba, y comienza de nuevo la esperanza.
Para la Iglesia de San Antonio, no fue distinto.
El ciclo de las estaciones se fue dando. Desde el 1997 hasta ahora hemos
vivido diferentes etapas. Cuando todo parece que acaba, inicia una nueva
era... Un momento de renovar las hojas y el verdor del campo. Una época
de nuevos comienzos, de renovar la visión, de llenar los nidos, de nuevos
brotes y nuevas semillas. Ese es el ciclo que Dios ha dispuesto en la
naturaleza, para que esta se renueve cada año y lo nuevo remplace a lo viejo.
Jesús le dijo a sus discípulos, les conviene que
yo me vaya, para que venga el Consolador, o sea para que inicie la otra era y
puedan ver el propósito de Dios cumplido en ustedes.
Hoy se cierra una etapa en mi vida que fue muy inspiradora, en San Antonio crecí en todos las áreas, emocionales, afectivas, espiritual e intelectual. Fue una época que marcó mi vida y la de mi familia y bendigo a Dios por eso. Pero hoy me toca seguir el ciclo y empezar en alguna otra parte. Mi comienzo será también el comienzo de ustedes. Una nueva primavera se avecina. Aprovechemos el momento, porque es el tiempo de Dios.