jueves, 24 de mayo de 2012

Nuestra Misión

 

Cuando Jesús se despedía de sus discípulos les prometió que vendría sobre ellos un poder sobrenatural, que los capacitaría para la evangelización del mundo.  El Espíritu Santo daría tal poder al testimonio de los apóstoles que, por medio de su predicación, serian reunidos los miembros de la Iglesia de Cristo de todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra.

Fue la presencia del Espíritu Santo  que permitió a los apóstoles  hacer su trabajo entre judíos que se oponían y gentiles que no creían en nada. Fue ese poder el que sembró la llama del Evangelio por el mundo conocido, transformo el corazón humano, revolucionó el imperio  romano y estableció la iglesia  de Cristo.  Fue ese Espíritu el que venció  a los reyes y emperadores e hizo de la fe cristiana la fuerza dominante del imperio. Este es el mismo poder que ha llevado este mensaje  hasta lo último  de la tierra en los tiempos actuales.

Es ese poder del Espíritu el que sostiene a todo misionero, pastor y obrero del evangelio y usa su obra para transformar corazones y vidas que habían sido destruidos por el pecado y Satanás. Es el poder del Espíritu el que usa el testimonio de un  creyente humilde para salvar a un pecador a un   vecino o  a un amigo.  No importa la hostilidad del Averno  o los desengaños humanos, la Iglesia de Cristo, mira hacia el futuro con un optimismo sin límites;  mientras haya creyentes llenos del Espíritu Santo y su poder, la misión se seguirá realizando y las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia.

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo y me seréis testigos… hasta lo último de la tierra.”  Hechos 1:8


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