Introducción
¿Hay
alguna diferencia entre conocer la presencia de Dios y estimar la presencia de
Dios?
Hoy me
gustaría hablar sobre esos dos aspectos. Y para ello quiero referirme a
dos estampas históricas que aparecen en el libro de Samuel. Antes, para
beneficio de aquellos que no tienen algún conocimiento de los escritos del
Antiguo Testamento, voy a dar algunos detalles para que puedan entender la
reflexión de esta mañana.
I.
Un poco de historia
En el
libro de Éxodo, se narra el momento en que Dios se manifestó ante el pueblo de
Israel en el Sinaí. En medio de esa manifestación, le da instrucciones a Moisés,
para que construya un Tabernáculo donde Él se manifestaría y habitaría entre el
pueblo. Esa morada, tendría tres secciones, el atrio, el lugar santo y el
Santísimo.
En ese
lugar Santísimo era donde Dios se manifestaba y estaba su acceso restringido
sólo al sumo sacerdote. En el lugar había sólo dos muebles, que se
montaban uno sobre otro formando una sola pieza. Estos son, el arca de la
alianza y el propiciatorio. Ese mueble era el más sagrado de todos, pues era el
lugar donde Dios se hacía presente en medio del pueblo. La nube de fuego
reposaba sobre el arca, se conocía como “La shekina”.
Para el
israelita, el arca era el trono de Dios. El lugar desde donde hablaba.
Representaba la presencia misma de Dios. Cuando marchaban, nadie podía ir
frente a ella, pues era Dios quien marchaba frente a ellos.
Desde su
última mención en el libro de Josué, no vuelve a mencionarse hasta el libro de
Samuel, eso representa en tiempo 400 años aproximadamente. Y lo
interesante es que no es vista como la presencia de Dios sino como un amuleto.
Por ejemplo mire el caso de los hijos de Elí y la guerra contra los filisteos.
Esto nos
enseña entre otras cosas:
Presencia de Dios sin comunión, es superstición.
Presencia de Dios sin santidad, es deshonra.
Presencia de Dios sin adoración, es sólo emoción.
El arca
estuvo en tierra de los filisteos por siete meses, provocando grandes
calamidades, al punto que los filisteos la regresaron a los israelitas.
Cuando
el arca regresa a Israel, no fue llevada o colocada en el tabernáculo, sino que
la mantienen por 243 meses en las casas de dos levitas. Estos son
Abinadab y Obed Edom. Y así llegamos por fin al punto para nuestra
reflexión.
II.
Abinadab el levita que no estimó la presencia de Dios
Este
levita estaba asignado a la cuidad levítica de Quiriat- jearim. El
texto dice que llevaron el arca a casa de Abinadab y santificaron a Eleazar su
hijo para que guardase el arca.
Estuvo
en esa casa 20 años, pero nada se dice en la Escritura, ningún comentario
de algo que haya sucedido en esa casa. Sólo sobresale una
expresión... Durante ese tiempo la gente se lamentaba porque parecía que Dios
los había abandonado.
El arca
de Dios está en mi casa y lo único que puedo decir es que Dios se olvidó de
nosotros.
Abinadab,
era un buen hombre, como levita tenía el conocimiento de las escrituras y por
tanto sabía lo que es la presencia de Dios, pero no la estimó ni la valoró.
El
mueble que representaba la presencia de Dios estaba en su casa, separaron
una habitación para colocarla. Clausuraron el área, porque era prohibido
estar cerca de ella.
Tal vez
creó malestar en la familia, tenemos un cuarto y no lo podemos usar. Los
muchachos tienen que acomodarse en una sola habitación. Nuestro espacio
se limitó, nuestras actividades también están limitadas... etc.
Es como
cuando usted está en la casa de alguien y siente que es una molestia. Que
nuestra presencia les estorba y no disimulan su molestia. Yo te
quiero, pero prefiero que te alojes en otro lugar, aquí invades mi espacio, consumes
lo que compré para mí. Tengo que abandonar lo mío para atenderte a ti.
Fueron
20 años de lamentos, porque alteraron su rutina....
Qué
tragedia cuando no se tiene en estima la presencia de Dios en nuestra casa.
III.
Obed-edom el levita que amó la presencia de Dios
Cuando
David es proclamado rey de Israel, toma un interés especial por el arca y lo
que ésta significaba, por lo que decide llevarla a Jerusalén, la ciudad que
proclamó como capital y sede del reino.
Se
hicieron todos los preparativos, y el levita Abinadab junto a sus hijos, era el
designado para organizar el traslado del arca a Jerusalén. Todo el
acto demostró su descuido y lo poco que le importaba la presencia de Dios.
Hizo todo como los paganos lo hacían con sus dioses. Su descuidó y
provocó la muerte de uno de sus hijos. El caos hace que
David, desista de llevar el arca y buscan un nuevo lugar para colocarla. Y
llevan el arca a la casa de otro levita, Obed-edom.
La
biblia dice que los tres meses que el arca estuvo en la casa de este levita,
Dios lo bendijo. Su casa, su familia, sus ganados, su tierra, todo
fue bendecido y prosperado.
¿Qué
provocó que Dios bendijera a este levita?
Su
actitud hacia la presencia de Dios.
La casa
de Obed-edom no era más grande que
la de Abinadab. La familia de Obed-edom era más numerosa que la de
Abinadab. Lo lógico es que necesitara más espacio.
Pero
cuando yo valoro, estimo, aprecio la presencia de Dios... Pongo prioridades...
Separó
el mejor cuarto de la casa para colocar el arca. Consagró a sus hijos
para que sirvieran y honraran a Dios, con alabanzas e instrumentos.
La
biblia dice que este levita y su casa sobresalieron por ser cantores y músicos,
eran tan buenos que dirigieron la adoración cuando David reorganizó el culto.
Obed-edom
hizo de su casa un altar para Dios.
El Rey
de reyes está en mi casa...
Tengo el
privilegio de tener en mi casa al Santísimo...
Esta
oportunidad quizás no se repita jamás... Por tanto, mis mejores atenciones,
todo lo mejor que tengo, mi tiempo más preciado, serán para mi huésped.
Quizás
usted diga... Que gran imaginación tiene el pastor, ha pintado un cuadro que yo
no veo en el texto. Y antes de que se apresure a juzgarme, le digo, la
descripción que me da el escritor del libro de las Crónicas de esta familia me
lleva a concluir lo que he dicho.
Obed-edom
y su 62 familiares (hijos, nietos,
biznietos) fueron servidores del templo, guardianes de las puertas del Santísimo.
Fueron músicos, cantores ... y dirigieron la adoración.
Quien
renunció al oro, a las tierras y a toda recompensa material y prefirió ser
nombrado al servicio del templo, demuestra lo que hay en su corazón.
CONCLUSIÓN
El
secreto de la bendición es que ames la presencia de Dios con todo tu corazón,
te entregues e inspires a tu familia a estimar su presencia y a servirle.
Las
promesas de bendición están disponibles para ti, lo que hace que esas promesas
se cumplan es nuestra actitud, la disposición de servicio y entrega a Dios.
Cuando
reconozco y estimo la presencia de Dios en mi casa, dejo que lo sobrenatural de
Dios transforme lo natural de mí. Entonces mi culto se transforma en un
acto de adoración espiritual y no en un mero formalismo religioso.
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