
Jesús le
dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por
mí. Juan 14:6 (RVR1960)
En ese momento íntimo que Jesús compartió con sus discípulos antes de su
crucifixión hizo una serie de revelaciones de su persona que no deberían pasar
desapercibidas a los estudiantes de la Biblia.
En esta declaración del verso que escogí, hay una gran revelación y
enseñanza. Esa expresión, camino, verdad y vida para nosotros tal vez no
tenga mucha relevancia, pero para aquellos doce judíos que estaban en aquel
aposento, tenían un gran significado.
Cuando el adorador, llegaba al santuario lo primero que hallaba era el
camino, ahí estaba el altar del sacrificio. Lo que Jesús nos dice es que el
primer paso para alcanzar a Dios es llegar al lugar del sacrificio (la cruz) y
su sangre (de Cristo) nos limpia de todo pecado.
Una vez perdonado, puede pasar al lugar santo, y allí encontrarás
la puerta de la verdad, en ese lugar estaba el candelabro, la mesa de los
panes y el altar de oro o de la oración. El pecador perdonado ahora
puede disfrutar de la verdad, iluminado por luz del Espíritu, alimentado por el
pan de la Palabra y viviendo una experiencia de comunión y oración e
intercesión. Habiendo alcanzado y entendido la Verdad, ahora puede pasar la
puerta del santísimo y allí disfrutar de plenitud de Vida.
En el santísimo había dos muebles que parecían uno solo, porque estaba uno
sobre otro. El arca y el propiciatorio. Allí se manifestaba la
Presencia de Dios. El que está en Jesús vive en tal comunión con Dios,
que experimenta la manifestación de aquella gloria que se hacía presente en el
propiciatorio.
El que viene a Jesús, encontrará en El, un camino que conduce a la
verdad y una verdad que producirá una vida abundante en la misma presencia de
Dios.

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